Justificación técnica de la valorización energética de residuos en cementeras


La fabricación de cemento, y más específicamente la producción de clínker, es una actividad que requiere un consumo intensivo de energía, tanto en forma de energía térmica como en forma de electricidad.

Esta aportación energética puede ser realizada a partir de diferentes fuentes:

–       Por el uso de combustibles sólidos convencionales, fundamentalmente carbón y coque de petróleo, y en menor proporción por combustibles líquidos como fuel oil o gasoil, o gaseosos como el gas natural.

–       Por el uso de combustibles alternativos constituidos por diferentes tipos de residuos que tienen, como características comunes, un poder calorífico suficientemente elevado para realizar una aportación energética neta al proceso de producción y la ausencia de contaminantes claves que pueden ser perjudiciales para la salud de los trabajadores y el medio ambiente, para el funcionamiento de las instalaciones o para la calidad del producto final.

La utilización de determinados residuos en la fabricación de clínker y en la de cemento es un hecho completamente incorporado a los procedimientos de fabricación, tanto por sustitución de combustibles tradicionales como por la utilización de algunos residuos como materias primas alternativas.

En este sentido, desde hace muchos años se viene realizando la sustitución de combustibles habituales de origen fósil por residuos con alto poder calorífico, como aceites usados, disolventes y otros residuos peligrosos; también tiene una gran tradición en algunos países europeos la utilización de neumáticos fuera de uso, papel no recuperable, maderas usadas y otros residuos no peligrosos.

Esta sustitución se realiza manteniendo los combustibles alternativos el carácter de residuos, del que se deriva la aplicación de normativas ambientales estrictas propias de los procedimientos de gestión de residuos, aunque esta utilización sea clasificada como valorización energética frente a otras opciones de eliminación.

Las justificaciones de la sustitución de combustibles tradicionales por determinados residuos son, fundamentalmente, de tipo ambiental y económico; entre las primeras, las más importantes son:

–       La optimización de la recuperación de la energía contenida en los residuos, ya que la utilización en cementeras conduce a un grado de aprovechamiento energético superior al de otros procedimientos de recuperación de la energía interna de los residuos.

–       La reducción de la cantidad de residuos depositados en vertedero, que supone una pérdida de recursos disponibles, que obliga a un aumento del consumo de recursos fósiles.

–       La reducción del uso de fuentes de energía no renovables.

–       La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, fundamentalmente por la sustitución de combustibles fósiles por otros que, al menos parcialmente, pueden tener un origen biológico.

–       Permite una correcta gestión de algunos tipos de residuos peligrosos, reduciendo las necesidades de instalaciones de tratamiento; este aspecto puede ser especialmente importante en España, donde existe un déficit importante de instalaciones de valorización y/o eliminación de residuos por vía térmica.

Desde el punto de vista económico, la utilización de residuos como combustibles alternativos presenta ventajas importantes:

–       Reducción del coste de combustibles para la industria cementera.

–       Reducción de los costes ambientales, derivados de una menor emisión de CO2 en el proceso de fabricación y el consiguiente ahorro de los derechos de emisión.

–       Para los gestores de residuos puede suponer unos menores costes globales de gestión, con disminución de la necesidad de nuevas infraestructuras, tanto de tratamiento térmico como de nuevos vertederos.

La sustitución de combustibles fósiles por residuos ha sido una práctica muy desarrollada en algunos países desde hace más de 30 años, tanto para residuos peligrosos como para residuos energéticos.

Entre los residuos comúnmente utilizados se encuentran:

–       neumáticos usados

–       aceites usados y disolventes

–       harinas de carne y hueso

–       plásticos no reciclables

–       papel, cartón y restos de embalaje

–       lodos de depuradora

–       residuos de madera procedente de actividades de demolición

–       fracciones combustibles derivadas de los residuos urbanos, tras un tratamiento mecánico, o mecánico-biológico.

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