Jan Lundqvist: “Un tercio de la comida que compramos va a la basura, se transforma en residuo”


Un tercio de la comida que compran los europeos va a la basura, a pesar de que el 60 por ciento de esos alimentos están en buen estado, asegura el científico del Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (Suecia), Jan Lundqvist.

“El mayor problema mundial relacionado con el agua es el desperdicio de alimentos”, subraya sin titubear el científico sueco, quien destaca “la falta de conciencia en la ciudadanía occidental sobre las implicaciones ambientales que tiene tirar la comida”.

La producción de alimentos -incide Lundqvist- es “la responsable del 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta”, por lo que “la gente debe ser consciente de que cada vez que arroja un alimento a la basura está tirando también la enorme cantidad de agua y de emisiones que ha costado producirlo”.

Por ello, el científico aboga no tanto por “aumentar la producción de alimentos, como por tener alimentos con mejores nutrientes y con un etiquetado que explique mejor su periodo de vida útil”.

En esa línea, Lundqvist aplaude la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo para que en 2025 se reduzca un 50 por ciento el consumo de alimentos en Europa, un continente donde se tiran 90 millones de toneladas de comida en buen estado al año.

¿Cómo cambiar estos hábitos? El experto en agua opina que se trata de cambiar “la conducta humana” y, por tanto, “es complicado y requiere una legislación apropiada, así como grandes campañas de concienciación” cuyos resultados “no serán inmediatos sino a largo plazo”.

“El proceso para convencer a productores y consumidores de que es necesario hacer un uso más racional de los alimentos será lento, las cosas no pueden cambiar en un año, pero tendrá enormes beneficios en términos de disponibilidad de agua y de reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2)”, explica.

USO DEL AGUA

En lo que se refiere a la agricultura, Lundqvist critica que las políticas agrarias europeas hayan estado orientadas a “estimular la sobreexplotación agraria” y con ello “el abuso en el uso del agua”.

En ese sentido, el científico sueco aboga porque los Gobiernos tenga un “mayor control sobre el acceso al agua por parte de agricultores y empresas eléctricas”, así como más “cautela” en la gestión de los acuíferos.

“Lo importante es que las reservas de agua estén bien controladas y se permita extraer este recurso sólo cuando sea necesario, porque será la única forma de disponer de él en el futuro”, incide.

Aunque reitera que su posición como científico le lleva a evaluar situaciones no a tomar decisiones, Lundqvist recomienda que la Unión Europea haga “un mejor uso a las subvenciones agrarias” y estas vayan destinadas “a los agricultores que más las necesiten y que hagan un buen uso de los recursos, más que a aquellos que los sobre explotan”.

Finalmente, el científico sueco insiste en que la clave para “una buena gobernanza” del agua es “dialogar con todos los actores implicados” y “tomar decisiones por el bien de este recurso a largo plazo, aunque a corto sean dolorosas, o incluso costosas para agricultores y empresarios”.

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